Llevamos años diciendo que necesitamos talento. Lo repetimos en congresos, reuniones y artículos. Nos preocupa atraer jóvenes, formar equipos y garantizar el relevo generacional.
Pero quizá haya llegado el momento de hacernos una pregunta incómoda.
¿Sabemos realmente qué talento necesitamos?
Porque cuando pensamos en incorporar personas a nuestras empresas, muchos seguimos imaginando al ferretero de toda la vida: alguien que conozca el producto, que sepa atender un mostrador y que aprenda el oficio con los años.
Y, sinceramente, seguiremos necesitando ese perfil.
Pero… ¿será suficiente?
Porque mientras debatimos sobre cómo encontrar más ferreteros, el mundo está cambiando a una velocidad difícil de asumir.
Cada vez vendemos más a través de canales digitales. La comunicación con los clientes se ha trasladado al WhatsApp, a las redes sociales o al correo electrónico. La información sobre ventas puede analizarse prácticamente en tiempo real. La inteligencia artificial empieza a formar parte del día a día de muchas empresas. Y la automatización ya no es una promesa de futuro, sino una realidad.
Quizá el próximo gran fichaje de una ferretería no sea otro ferretero.
Quizá sea un analista de datos.
Un especialista en marketing digital.
Un programador.
Un perfil capaz de interpretar información, automatizar procesos y ayudarnos a entender mejor a nuestros clientes.
Y aquí es donde aparece otro desafío.
¿Estamos preparados para incorporar ese talento?
Porque atraer a este tipo de profesionales implica algo más que ofrecer un salario. Significa darles espacio para aportar ideas, confiar en capacidades que muchas veces desconocemos y aceptar que pueden cuestionar la forma en la que siempre hemos hecho las cosas.
Y eso no siempre resulta cómodo.
Tal vez el futuro del sector no pase por elegir entre experiencia o tecnología.
Quizá la verdadera ventaja competitiva consista en combinar ambas.
Necesitaremos profesionales capaces de recomendar la herramienta adecuada a un agricultor o a un mecánico porque conocen perfectamente el producto y el entorno en el que trabajan sus clientes.
Pero también necesitaremos personas capaces de ayudarnos a interpretar datos, gestionar canales digitales o construir nuevas formas de relacionarnos con el mercado.
Unos aportarán experiencia.
Otros nos volarán la cabeza.
Y probablemente sea precisamente esa combinación la que determine qué empresas liderarán el sector en los próximos años.
Porque quizá el problema no sea que falte talento.
Quizá el problema sea que seguimos buscando el talento del futuro con la descripción del puesto de hace veinte años.
P.D.: tampoco hemos hablado hoy de si nuestras empresas resultan realmente atractivas para esos nuevos perfiles o si seguimos esperando que se adapten ellos a nosotros. Pero esa conversación también merece su propio artículo.


